Proemio sobre el trabajo, Hesiodo

 

PROEMIO SOBRE EL TRABAJO

 

Yo qué sé lo que te conviene, gran  necio Perses, te lo diré: de la maldad puedes coger fácilmente cuanto quieras; llano es su camino y vive muy cerca. De la virtud, en cambio, el sudor pusieron delante los dioses inmortales; largo y empinado 290  es el sendero hacia ella y áspero al comienzo; pero cuando se llega a la cima, entonces resulta fácil por duro que sea21.

 Es el mejor hombre en todos los sentidos el que por sí mismo se da cuenta, [tras meditar, de lo que luego 295 y al final será mejor para él]. A su vez es bueno tam­bién aquel que hace caso a quien bien le aconseja; pero el que ni por sí mismo se da cuenta ni oyendo a otro lo graba en su corazón, éste en cambio es un hom­bre inútil.

 

Ahora bien, tú recuerda siempre nuestro encargo y trabaja, Perses, estirpe de dioses, para que te aborrezca300  el Hambre y te quiera la venerable Deméter de her­mosa corona y llene de alimento tu cabaña; pues el ham­bre siempre acompaña al holgazán. Los dioses y los hombres se indignan contra el que vive sin hacer nada, 305 semejante en carácter a los zánganos sin aguijón, que consumen el esfuerzo de las abejas comiendo sin tra­bajar. Pero tú preocúpate por disponer las faenas a su tiempo para que se te llenen los graneros con el sazo­nado sustento.

 

Por los trabajos se hacen los hombres ricos en ga­nado y opulentos; y si trabajas te apreciarán mucho más los Inmortales [y los mortales; pues aborrecen en 310 gran manera a los holgazanes].

 

El trabajo no es ninguna deshonra; la inactividad es una deshonra. Si trabajas pronto te tendrá envidia el indolente al hacerte rico. La valía y la estimación van unidas al dinero[15].

 

Para tu suerte, según te fue, es mejor trabajar, si olvidado 315 de haciendas ajenas vuelves al trabajo tu volu­ble espíritu y te preocupas del sustento según mis re­comendaciones.

 

Una vergüenza denigrante embarga al necesitado, una vergüenza que hunde completamente a los hombres o les sirve de gran provecho, una vergüenza que va ligada a la miseria igual que la arrogancia al bienestar.

 

Las riquezas no deben robarse; las que dan los dioses 320 son mucho mejores; pues si alguien con sus propias manos quita a la fuerza una gran fortuna o la roba con su lengua como a menudo sucede —cuando el deseo de lucro hace perder la cabeza a los hombres y la falta de escrúpulos oprime a la honradez—, rápidamente le debilitan 325 los dioses y arruinan la casa de un hombre se­mejante, de modo que por poco tiempo le dura la dicha.

 

Igualmente, el que maltrata a un suplicante o a su huésped, o sube al lecho de su hermano [para unirse 330 ocultamente a su esposa incurriendo en falta], o insen­satamente causa daño a los hijos huérfanos de aquél, y el que insulta a su padre anciano, ya en el funesto um­bral de la vejez, dirigiéndose a él con duras palabras, sobre éste ciertamente descarga el mismo Zeus su ira y al final en pago por sus injustas acciones le impone 335 un duro castigo. Pero tú aparta por completo tu volu­ble espíritu de estos delitos.

 Con pureza y santidad, en la medida de tus posibili­dades, haz sacrificios a los dioses inmortales y quema en su honor espléndidos muslos; otras veces concíllate­los con libaciones y ofrendas, cuando te vayas a la 340 cama y cuando salga la sagrada luz del día, para que te conserven propicio su corazón y su espíritu y puedas comprar la hacienda de otros, no otro la tuya.

 Al que te brinde su amistad invítale a comer, y al ene­migo, recházalo. Sobre todo invita al que vive cerca de 345 ti; pues si tienen alguna dificultad en la aldea, los ve­cinos acuden sin ceñir mientras que los parientes tienen que ceñirse23.

 Una plaga es un mal vecino, tanto como uno bueno es una gran bendición. Cuenta con un tesoro quien cuenta con buen vecino. No se te morirá la vaca si no tienes mal vecino. Mide bien al recibir del vecino y devuélvele 350 bien con la misma medida y mejor si puedes, para que si le necesitas, también luego le encuentres seguro.

 No te hagas rico por malos medios; las malas ganan­cias son como calamidades.

 Aprecia al amigo y acude a quien acuda a ti; da al que 355 te dé y no des al que no te dé. A quien da cualquiera da, y a quien no da nadie da.

 El regalo es bueno, pero la rapiña es mala y dispen­sadora de muerte; pues el hombre que de buen grado, aunque sea mucho, da, disfruta con su regalo y se ale­gra en su corazón; pero el que roba a su antojo obede­ciendo a su falta de escrúpulos, lo robado, aunque sea 360 poco, le amarga el corazón; pues si añades poco sobre poco y haces esto con frecuencia, lo poco al punto se convertirá en mucho.

 

El que añade a lo que tiene evitará la quemazón del hambre; lo que hay dentro de casa no inquieta al hom­bre; es mejor tener dentro de casa; pues lo de fuera es 365 dañino. Bueno es coger de lo que se tiene y un tormen­to para el alma necesitar de lo que no se tiene. Te re­comiendo que medites estas advertencias.

 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Juntas de gobierno de America 1808-1830

Epicteto Manual

Contitucion de Cadiz 1812