Mito de Prometeo y Pandora, Hesiodo 720 ac.Grecia

 

MITO DE PROMETEO Y PANDORA

 

 Y es que oculto tienen los dioses el sustento a los hombres; pues de otro modo fácilmente trabajarías un solo  día y tendrías para un año sin ocuparte en nada. Al punto podrías colocar el ti­món sobre el humo del hogar y cesarían las faenas de los bueyes y de los sufridos mulos.

 Pero Zeus lo escondió irritado en su corazón por las burlas de que le hizo objeto el astuto Prometeo; por ello entonces urdió lamentables inquietudes para los hom­bres y ocultó el fuego. Mas he aquí que el buen hijo de Jápeto lo robó al providente Zeus para bien de los hombres en el hueco de una cañaheja[7] a escondidas de Zeus que se goza con el rayo. Y lleno de cólera di jóle Zeus amontonador de nubes:

 

«¡Japetónida conocedor de los designios sobre todas las cosas! Te alegras de que me hayas robado el fuego y has conseguido engañar mi inteligencia, enorme desgra­cia para ti en particular y para los hombres futuros. Yo a cambio del fuego les daré un mal con el que todos se alegren de corazón acariciando con cariño su propia desgracia.»

 

Así dijo y rompió en carcajadas el padre de hombres y dioses; ordenó al muy ilustre Hefesto mezclar cuan­to antes tierra con agua, infundirle voz y vida humana y hacer una linda y encantadora figura de doncella se­mejante en rostro a las diosas inmortales. Luego en­cargó a Atenea que le enseñara sus labores, a tejer la tela de finos encajes. A la dorada Afrodita le mandó ro­dear su cabeza de gracia, irresistible sensualidad y halagos cautivadores; y a Hermes, el mensajero Argifonte, le encargó dotarle de una mente cínica y un carácter voluble.

 

Dio estas órdenes y aquéllos obedecieron al soberano Zeus Cronida. 70 [Inmediatamente modeló de tierra el ilus­tre Patizambo una imagen con apariencia de casta don­cella por voluntad del Crónida. La diosa Atenea de ojos glaucos le dio ceñidor y la engalanó. Las divinas Gracias y la augusta Persuasión colocaron en su cuello dorado 75 collares y las Horas de hermosos cabellos la coronaron con flores de primavera.

 

Palas Atenea ajustó a su cuer­po todo tipo de aderezos]; y el mensajero Argifonte configuró en su pecho mentiras, palabras seductoras y un carácter voluble por voluntad de Zeus gravisonante. 80 Le infundió habla el heraldo de los dioses y puso a esta mujer el nombre de Pandora8 porque todos los que poseen las mansiones olímpicas le concedieron un re­galo, perdición para los hombres que se alimentan de pan.

 

Luego que remató su espinoso e irresistible engaño, el Padre despachó hacia Epimeteo al ilustre Argifonte 85 con el regalo de los dioses, rápido mensajero. Y no se cuidó Epimeteo de que le había advertido Prometeo no aceptar jamás un regalo de manos de Zeus Olímpico, sino devolverlo acto seguido para que nunca sobreviniera una desgracia a los mortales. Luego cayó en la cuenta el que lo aceptó, cuando ya era desgraciado.

 

En efecto, antes vivían sobre la tierra las tribus de 90 hombres libres de males y exentas de la dura fatiga y las enfermedades que acarrean la muerte a los hom­bres        Pero aquella mujer, al quitar con sus ma­nos la enorme tapa de una jarra los dejó diseminarse y 95 procuró a los hombres lamentables inquietudes ,0.

 

Sólo permaneció allí dentro la Espera u, aprisionada entre infrangibies muros bajo los bordes de la jarra,y no pudo volar hacia la puerta; pues antes cayó la tapa de la jarra [por voluntad de Zeus portador de la égida y amontonador de nubes].

 

Mil diversas amarguras deambulan entre los hombres 100 : repleta de males está la tierra y repleto el mar.

 

Las enfermedades ya de día ya de noche van y vienen a su capricho entre los hombres acarreando penas a los mortales en silencio, puesto que el providente Zeus les negó el habla. Y así no es posible en ninguna parte escapar a la voluntad de Zeus ,2.

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